No se puede frenar el mar

No se puede frenar el mar.
El amor tampoco.

Ni las ganas de saltar cuando estamos alegres,
o la risa cuando se contagia.

No se puede frenar el mar
cuando inunda el salón.

Y la única opción es dejarse llevar.
Unir las manos.
Lanzarse al vacío,
a la vida.

Porque no se puede frenar el mar.
Ni a nosotros tampoco.

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